Berriatutik ibilaldia

El correon irakurria

Ruta a Berriatua en busca del agua milagrosa

Visita a este rincón vizcaíno cercano a Ondarroa con paseos entre sus grandes caseríos, subida a la ermita de Santa Magdalena y al pozo ‘Sarnapotzu’, al que se le atribuyen propiedades curativas

Berriatua queda a un lado de la carretera BI-633 camino de Ondarroa. Vamos hacia el mar y lo habitual es pasar de largo. Un error. Nos perderemos un municipio histórico -asiento 24 en las Juntas de Gernika-, arbolado y siempre verde, con barrios de caseríos (Merelludi, Magdalena y Asterrika), ermitas, algún encinar relicto y rincones singulares para visitar y recorrer en una jornada tranquila.

Los primeros documentos sobre Berriatua datan del siglo XIV. Son de una época violenta, la de los banderizos, los ‘jauntxus’ que protegidos por sus torres (Arantzibia, a orillas del Artibai) asolaron Bizkaia con sus correrías. Pero el municipio es mucho más antiguo. Los primeros indicios humanos aparecen en la necrópolis de las cuevas. El yacimiento más importante es el de Goikolau. Fue localizado en 1935 por el padre José Miguel de Barandiarán. En los años ochenta los arqueólogos hallaron un precioso collar de 110 cuentas de piedras verdes datado en el siglo XX a. C. El ‘Collar de Goikolau’ se guarda en el Museo Arqueológico de Bilbao.

La iglesia de San Pedro en Erribera

Las tierras de Berriatua se extienden entre los montes Kalamendi y Arno. El río cruza la vega y allí se enclava el casco urbano o Erribera (Ribera). Ocupa un promontorio con la iglesia de San Pedro en el punto más elevado. Es un edificio de sillería, macizo, con aire de fortaleza. El templo primitivo era del siglo XII. El actual es renacentista (año 1588). Sus muros encierran una nave con un retablo mayor de notable calidad.

A los pies del templo está la ermita de San Juan y enfrente Etxe Pintxu o Casa Pinta, palacio del siglo XVIII con pinturas de su fachada.

La iglesia es el punto de partida de todos los paseos. Un recorrido corto (señalizado) lleva al caserío Lekoia Bekoa, en el barrio Miloi, próximo al casco urbano. Es de finales del siglo XVI. Aúna los estilos renacentista y neoclásico. El monumental escudo es del siglo XVI.

La torre de Arantzibia

Otro paseo (PR) sencillo y llano es el que sigue el curso del Artibai hasta la torre medieval de Arantzibia. Caminamos por la BI-633 hasta el desvío a la ermita de la Magdalena. Orilla del Artibai. Letreros del PR BI-46 y Camino de Santiago, también Camino Real. Lo seguimos (izquierda). Las pinturas de Marcha de las Ermitas/Berriatuko Ermitetatik Ibilaldia nos guían por un camino entre vegas y caseríos y nos deja frente a la torre de Arantzibia.

Es una fortificación imponente que domina el vado del Artibai (ahora hay puente). El historiador Joaquín de Yrizar (1929) la define como “adusta, taciturna, de perdurable memoria”. Fue edificada por Fortún García, reedificada en el año 1360 por Pedro Ortiz de Arancibia y quemada por Martín Ruiz de Gamboa en 1443. En la batalla murió Pedro Ortiz (otro) con “novecientos omes o más…”. Era una demostración del poder y la belicosidad de los Arancibia. De allí se extendieron como Arancibia/Arencibia a las Islas Canarias y a América. Ha sido reformada recientemente. Volvemos por la misma ruta (1h30′).

Sarnapotzu y la Cruz de Maala

El paseo estrella, el más popular, es subir al collado de la Cruz de Santa Magdalena, Madalena o Maala. A la encrucijada en la divisoria con Markina-Xemein. Allí se levanta la cruz de piedra caliza del mismo nombre. Cerca está la ermita de la Magdalena (siglo XVI), con romería el 22 de julio, y a 150 metros en medio del pinar, se encuentra el estanque conocido como ‘Sarnapotzu’ o ‘Pozo de la sarna’.

Una señal conduce hasta el pozo. Está en la entrada de una cueva que se abre en la ladera del monte Legarregi. Su historia se pierde en las penumbras del tiempo. Cuentan que esta agua milagrosa cura las afecciones de la piel tipo sarna, psoriasis, eczema… En la Edad Media subían incluso leprosos.

Para ello hay que seguir un ritual sencillo. Mojar un pañuelo o trozo de tela -vale un calcetín- en el agua, rezar, aplicar en la parte afectada y colgarlo de una rama a orilla del pozo.

Con seguridad es un ritual pagano cristianizado con la llegada de los romanos, que ha pervivido hasta nuestros días. La iglesia no lo ha bendecido, pero por la cantidad de trapos que adornan el ramaje las visitas deben de ser numerosas. Y eso a pesar de que su efectividad no está garantizada. Por supuesto evitaremos tocar los harapos que cuelgan alrededor.

El entorno de este abrevadero natural para jabalíes, búhos y otros merodeadores nocturnos impone al atardecer.

Ermita de La Magdalena

A 300 metros de la cruz está la ermita de Santa Magdalena. Es un edificio macizo, rectangular y una sola nave, reconstruido en el año 1973 sobre otro anterior del siglo XVI, después del incendio que lo arruinó. Es probable que el original fuera románico (siglo XII), a juzgar por la hechura de un sillar encastrado en el muro de la cara norte, con la imagen de un hombre.

A pesar de la altura a la que se ubica la ermita (302 metros) las vistas son nulas. Los pinos nos roban el paisaje.